¿QUÉ ES LA PRÁCTICA BASADA EN EVIDENCIA?

Práctica basada en evidencia

Desde que terminé la Diplomatura de Logopedia en el 2011, he estado trabajando con personas con alteraciones del lenguaje tanto en población infantil como adulta. En estos 10 años de profesión, he tenido el placer de coincidir con diversos tipos de familias y todas tenían algo en común: conseguir que su familiar mejorara en aquel aspecto que les limitaba en su vida diaria.

Cada uno intentaba hacerlo de la mejor manera, llevados por aquello que la sociedad en la que vivimos considera “normal”. Esperamos que nuestro familiar se convierta como los demás niños o adultos de manera muy variopinta: acudiendo todos los días a la sesión que toca, realizando un listado de ejercicios hasta largas horas de la tarde después de una dura jornada por la mañana…

Y de vez en cuando aparece alguna familia que te dice: “en tal centro de terapias están utilizando esta técnica muy innovadora y un hombre que perdió la movilidad del brazo tras un ictus lo ha vuelto a mover…” o “una niña con autismo se ha curado realizando una terapia en una clínica del norte de Alemania…”.

Son ejemplos inventados pero que perfectamente podríamos extrapolarlos al día a día del centro donde trabajo. No niego que técnicas muy concretas, aplicadas en el perfil adecuado para esa terapia no sean efectivas. El problema radica en que la población, esperamos que esa técnica se convierta en una técnica replicable para otras patologías y personas.

En los últimos años, más bien décadas, está tomando relevancia lo que conocemos como Práctica Basada en Evidencias (PBE). ¿En qué consiste esto concretamente? Os lo resumiré con un ejemplo desde un área general para que sea sencillo de entender.

Imaginemos que somos profesores de educación secundaria, tenemos ante nosotros a un alumno que está en segundo y sabemos que se ha esforzado, pero las notas de varias asignaturas son insuficientes para que progrese al próximo curso. El claustro de profesores se reúne y tiene varias opciones: decidir que el alumno repita curso porque así lo dicta el protocolo y o por el contrario empezar con la lista de preguntas.

  1. ¿Por qué ha suspendido tantas asignaturas?
  2. ¿Realmente se ha esforzado?
  3. ¿Hemos aplicado con este alumno todos los recursos necesarios para conseguir su éxito académico?
  4. ¿Si cambiamos el método mejorarán sus calificaciones?
  5. ¿Estamos seguros que ofreciendo más tiempo, va a lograr mejores resultados?

Y así podríamos formular un sinfín de cuestiones más.

La respuesta a estas debería estar basada en estudios científicos que avalen la decisión que vamos a tomar. Nuestro éxito como profesionales debe basarse en saber utilizar las mejores técnicas con las personas con las que trabajamos.

Si tuviéramos que realizarnos una intervención quirúrgica, y le preguntáramos al cirujano sobre la técnica que va a utilizar en la intervención, seguramente no esperaríamos que nos contestara con un: “voy a realizar lo que creo” o “mi intuición me dice…” Nos daría más seguridad y respeto que nos dijera: “voy a utilizar la técnica “x” porque se ha demostrado que en casos como el suyo es la mejor opción, existen algunos riesgos, pero si llegaran a producirse los solucionaremos de la siguiente manera…”

¿Quiere decir esto que la experiencia del profesional no sirve para nada? En absoluto, otra de las premisas de la PBE es la aptitud del profesional. El cuál combina experiencia, conocimientos y capacidad de toma de decisión en un determinado momento para una cierta persona en particular.

La Práctica Basada en Evidencias ha venido para quedarse y se puede aplicar a la gran mayoría de profesiones sociosanitarias y educativas. La formación y el reciclaje continuo van a estar presentes si queremos ser buenos profesionales. Si además de intentar hacer bien nuestro trabajo, observamos que las personas para las que trabajamos mejoran y además lo hacen en un tiempo prudencial, esto nos hará crecer como profesionales y sin duda nos reconfortará como personas y nos permitirá seguir creciendo y aprendiendo día a día.

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